Fue el catorce de septiembre cuando un chico y una chica decidieron verse tras tantas charlas, tantas experiencias vividas y tanta distancia entre ellos que fue suprimida en aquel día.
Un día tan esperado y a la vez inesperado por no saber de que manera saldrían las cosas. La chica a su vez debía completar un trabajillo y por ello, aun ansiando verlo por fín no pudo hasta la tarde noche. La tarde pasaba lentamente a la vez que el reloj no paraba de dar vueltas con sus agujas, creando un verdadero descontrol. Una parte de ella disfrutaba con el trabajo encargado, la otra estaba impaciente porque llegase la hora, aquella hora en que pudiera ver a aquel chaval al que soñaba ver después de tanto tiempo. Salió del trabajo y justo él la llamó reclamándola. Ella, con voz temblorosa le dijo dónde podrían verse, pero la llamada de una de las amigas de ella arruinó el momento. Había olvidado llamar a su amiga para verla y por ello tuvo que quedar también con ella. A la hora de reencontrarse con el chaval, saltaron chispas, pero ninguno de ellos se atrevió a dar un paso en falso. Comenzaron la charla como si la distancia no hubiera apartado nada entre ellos, como si fuese otro día normal en el que dos amigos se ven. Fue en aquel momento cuando él le entregó un reloj de color naranja, color favorito de la chica. Fueron a buscar a la amiga de ella y la incomodidad pudo a la felicidad. Lo único que ella ansiaba era estar a solas, solo un rato más con aquel chico al que tanto echaba de menos. Llegaron las diez de la noche y las dos chicas fueron a cenar. Él desconsolado se alegro al saber que podría ver a la chica una vez más en el día. Transcurrió la cena lentamente, como si el tiempo en ese momento no acabara nunca, el reloj era cada vez más grande y sus agujas cada vez más lentas. Al fin, su amiga regreso a casa y ella salió en busca del chaval. Los dos volvieron a reencontrarse, esta vez aun actuaban de una forma más cortada. Los momentos eran instantes, las horas minutos y lo minutos segundos, fue así cuando la alarma de la una sonó en el móvil de él. Saltó una inexplicable sensación entre ellos dos y al llegar al portal de la chica, él pronuncio:
-Ya te pregunté más de una vez en este lugar si querías salir conmigo, ahora te pregunto si quieres ser la mujer de mi vida.
Mi respuesta en aquel momento fue sí. Ahora te digo que sé con certeza que nadie podrá hacerme sentir lo que tu me haces sentir y que el hombre de mi vida eres TÚ, porque pienso casarme contigo, vivir contigo, tener hijos contigo, envejecer contigo y pertenecer a tu lado hasta la eternidad.
ATT: Tu chica